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Creo firmemente que la diversidad es una cualidad beneficiosa en cualquier ámbito que se aplique, y en especial en este mundo del turismo. Una de las ventajas competitivas del destino España y del destino Andalucía, aparte del clima, es precisamente esa, la diversidad de paisajes, climas, recursos naturales y culturales que presenta, y por ende, la diversidad de actividades y productos que disfrutan los turistas.

No en vano, uno de los eslogans que se ha utilizado para comunicar la marca Andalucía ha sido “lo tiene todo”. Magníficas y más que conocidas playas, parques nacionales y naturales (aunque el cuidado de éstos merece mención aparte), pueblos blancos con encanto, zonas de interior, ciudades medias con todo tipo de servicios y lujos, campos de golf y extensiones de naturaleza virgen, monumentos romanos, moros y cristianos, infinidad de manifestaciones culturales…

Por todo esto, no entiendo lo que ha ocurrido en el Muelle Uno del nuevo Puerto de Málaga: ¿realmente necesitábamos otro centro comercial en el centro de la ciudad?

Así, cuando el otro día fui a conocer este espacio, y una vez superada la indignación que ya traía de casa por esto de las tiendas, llego a mitad del recorrido donde se encuentra la Capilla del Puerto. Cuál es mi sorpresa cuando veo que delante de la puerta principal de ésta han colocado una pequeña fuente rectangular de estilo arabesco, de éstas que perfectamente nos recuerda a cualquiera de los edificios que nuestros antepasados de Al-Andalus nos dejaron repartidos por toda Andalucía. De veras que agradezco la restauración de la construcción, todos sabemos el deterioro que presentaba, pero me gustaría conversar con el artífice para saber qué es lo que le ha llevado a relacionar estos dos elementos. Para más inri, no hay referencia alguna de lo que es aquello y ni por supuesto de su valor cultural.

Llegados a este punto, y reconociéndome firme detractora de la concepción actual de este Muelle Uno, quisiera hacer hincapié en que ya tenemos varios puertos de este tipo en la provincia, no neceistábamos más (Marbella, Benalmádena…). Han roto lo que para mi siempre ha sido el puerto (un sitio al que me llevaban para ver los pececillos) y lo han reconvertido en otro gigante comercial lleno de franquicias que no aportan valor alguno ni a la ciudad, ni al puerto, ni a autóctonos, ni a visitantes. Porque eso sí, espero que esta idea no esté fundamentada por el aumento de cruceristas que llegan a nuestro puerto: tenemos que recordar que lo que nos interesa es que los cruceristas se den varias vueltas por nuestra ciudad y dejen su dinerito repartido por allí, no en las franquicias del puerto, que seguramente no redunden en beneficio para la ciudad.

Mi propuesta para este espacio siempre ha sido apostar por la cultura y la difusión del conocimiento. Un centro de interpretación, por ejemplo, que explicaran la historia de lo que ocurrió con la Capilla y la antigua Virgen del Puerto, pequeñas casetas donde poder comprar libros, discos, juegos…, espacios para conciertos, obras de teatro, pequeños espectáculos, exposiciones…en definitva, dotar de valor e identidad a este espacio tan importante en la ciudad que durante mucho años ha estado esperando su oportunidad. Por cierto, ¿alguien sabe qué ha pasado con los restos de muralla que se encontraron debajo de La Farola durante las obras?

Como mi amiga @YolandaRP se cuestiona y nos cuestiona…¿existe el turismo postmaterialista?

Para terminar:

– Os recomiendo el documental “El puente de los alemanes” de Jaime Noguera, un trabajo de investigación sobre el naufragio del barco-escuela alemán Gneissenau en la costa de Málaga, + info

– y este artículo de David Mora sobre la diversidad de los destinos turísticos: El Turista que no quería verlo todo.

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… es parte de la estrofa que incesantemente se me venía a la cabeza en el camino de ida, durante unas dos horas de trayecto, en un ventoso sábado, sin pasar por peaje alguno.

John y Yoko fueron a ese trocito de UK cerca de España para casarse, y en esa ocasión era yo quien cruzaba la frontera para conocer lo mejor del peñón gracias a un Fam Trip gentileza de Calypso Tours.

Una vez pasada la frontera, y habiendo recibido la visita en el autocar de un policía nacional y otro nacional de Gibraltar, nos cambiamos a unos microbuses adecuados para transitar por las estrechas carreteras de esta colonia. Nuestro chófer-guía, Eddie (genial en todos los sentidos) nos contaba historias y anécdotas sobre los lugares emblemáticos que nos íbamos encontrando de camino al Telesférico, en un perfecto spanglish que era la envidia de servidora.

El Telesférico nos subió hasta un mirador que se encuentra en la zona más alta del peñón, más de 400 metros sobre el nivel del mar, donde tuvimos ocasión de disfrutar de las magníficas vistas de la Bahía y tomar un primer contancto con los famosos monos.

Lo cierto es que me daba bastante reparo el tema de los monos, pero pude comprobar que siguiendo los consejos de los guías acompañantes y numerosas señales, la convivencia entre turistas y Apes transcurre totalmente en paz.

Ya de vuelta al nivel del mar, fuimos a avistar delfines y otra fauna similar en la propia Bahía de Algeciras. No hubo mucha suerte (quizá el viento era poco propicio para ello), pero pude ver un par de aletas de delfín sobresaliendo del agua desde el barco que nos transportaba, y un pez luna.

Tras el almuerzo, visita a las Cuevas de San Miguel. Durante la subida, pasamos por Europa Point donde tuvismo oportunidad de ver la Mezquita que allí se levanta. Prosiguiendo el camino, nuestro gruía nos contó muchas curiosidades sobre la política, la historia y la socidad de Gibraltar, en el que la vida militar tiene el protagonismo casi absoluto, dadas las numerosas veces que este peñón ha sido atacado durante los principios de la historia.

Las cuevas, situadas en el paraje natural protegido de Gibraltar, sencillamente impresionantes. Un lugar muy húmedo, donde las estalactitas y las estalagmitas son las protagonistaa de la ruta artificial para poder visitar el lugar. Casi a la salida, se encuentra una amplia zona adecuada para conciertos, con su aforo y asientos, donde según nos comentaron se celebran numerosos festivales y conciertos de música clásica, danza, teatro y otras artes. A la salida, se encuentra la plaza conmemorativa de cuando la Reina Isabel II visitó las cuevas allá por los años 50.

En el camino de regreso, paramos en un nuevo mirador en el que había una familia de monos. Era época de cría, por lo que era muy común encontrar monitos bebé (como en la foto) y algunos otros más mayores saltando entre el mobiliario urbano y los árboles.

Tras esto, vuelta a casa. Para mi recuerdo, queda un día intenso de diversión en un lugar muy singular con gente muy singular, de amplia historia y con numerosos recursos por descubrir. Volveré!


He pasado un par meses sin venir por aquí, en realidad, sin estar mucho por el cibermundo y por mi propia vida. Han sido unos meses duros, de trabajo de sol a sol (algunos días hasta la madrugada) en lo que ha sido nuestra (la mía y la de mis compañeros) temporada alta. Este subsector turístico es uno de los pocos cuya temporada alta se desarolla en meses distintos al verano. Sin haberlo pensado concienzudamente, nos acompaña el esquí y deportes de invierno, algo de turismo rural y de interior y poco más.

Y creo que esto, de cara a la vida personal de cada uno, es positivo. Me gusta mucho recordar y contar a mis allegados ajenos al turismo, algo que me llamó profundamente la atención durante los años de estudio en la UMA: la paradoja del ocio. Es una teoría que habla sobre la paradoja que ocurre en el momento en que para que haya un número de personas de vacaciones, debe haber un número de personas trabajando, y que cuanto mayor sea el número de personas de vacaciones, mayor será el número de personas que estén ahí para cubrir esas necesidades.

En la práctica, esto se materializa en que hay un número de personas trabajando cuando “todo el mundo” anda de jarana: fines de semana, puentes y fiestas de guardar, verano, Navidad… y no solo eso, lo que más duele en el alma es ver a estas personas disfrutar de su tiempo, viajando y pasando con la familia y amigos unos momentos de los que se está privado.

Pero el turismo es así, todos lo sabíamos antes de entrar. Es al amor profundo a este mundo lo que hace que la mayoría de estos trabajadores mantengan su sonrisa de corazón de cara a los clientes, de ese levantarte por las mañanas los domingos, cuando todo el mundo duerme, y sentirte realizado al obtener amables palabras de personas a las que has ayudado con tu trabajo en un momento sumamente importante en sus vidas: las vacaciones.

Ahora que ya todo ha pasado e independientemente de los resultados obtenidos, puedo decir que el esfuerzo ha valido la pena. Siempre vale la pena. Es vocación.

No recuerdo un fin de semana igual. Tantos acontecimientos concentrados en escasos dos días es algo insólito para nuestra ciudad, que crece y crece cultural y turísticamente a golpe de museo. Algo es algo.

No voy a entrar a valorar si es preciso que Málaga contenga tal variedad museística: no cabe duda de que el Museo Picasso, con sus defensores y detractores y ahora el nuevo Thyssen impregnan esta ciudad de un airecillo cultural que nos viene muy bien a los propios, y sobre todo, de cara a ese turista ávido de cultura que potencialmente nos visita. La cuestión que planteo es si se puede vivir de los museos.

En los últimos años estamos asistiendo a una conversión de la ciudad, focalizada en la zona centro, bajo el eslogan “queremos ser culturales” y por eso, tenemos museos por todas partes: el de Artes y Costumbres, el Picasso, el nuevo Thyssen, el automovilístico, el de la música (que afortunadamente lo van a trasladar a un mejor emplazamiento, en calle Beatas), el de Patrimonio Municipal, el de muñecas, el de vino, el de gemas con su controversia, el futuro de Bellas Artes… y no es que esté en desacuerdo ni mucho menos, simplemente es que creo que la Administración identifica “cultural” con “museo”, olvidando sobremanera otras infraestructuras o actividades culturales que contribuyan de manera real a una oferta cultural completa para residentes y visitantes.

Hace unos días me encontré por casualidad, saliendo de patio interior del Museo Picasso, por calle Císter, el Museo de Revello de Toro. En la entrada han instalado un busto de Pedro de Mena, cuya obra más conocida es el cristo que lleva su apellido y que cada jueves santo podemos ver acompañado de la Legión. El caso es que entré en la página web para informarme sobre este artista, Félix Revello de Toro, su obra y su vinculación con Málaga. Cuál fue mi sorpresa al ver cómo es su página web: http://www.museorevellodetoro.es/ Creo que sobra cualquier comentario… No entiendo para qué gastan presupuesto en nuevos equipamientos para la ciudad si el proyecto no va a estar respaldado en un buen plan de marketing que contribuya a su buena promoción y a la recepción de visitas, que en el fondo, es de lo que se trata…

Los otros estrenos del fin de semana fueron el Festival de Málaga de Cine Español, que cumple ya 14 años, y el Palmeral de las Sorpresas en las nuevas instalaciones portuarias. Se trata de un gran paseo equipado con bancos para sentarse de diversas formas y tamaños, zonas de juego para los más pequeños, instalaciones para restauración/bares, zonas verdes…y al final de todo, una gran zanja donde irá el nuevo centro comercial (demasiado bonito para ser verdad).

A veces pasan cosas en esta ciudad 🙂

Como ya conté en el último post, he estado varias semanas ocupada, metida de lleno por unos días en el mundo de las producciones audiovisuales y cuyo resultado puedo presentar por fin aquí. El vídeo está entre los 50 finalistas de más de 200 vídeos presentados, según me comentan y en los próximos días saldrá por fin el ganador. A ver si hay suerte 🙂

La grabación de las escenas en las que salgo ha sido duro para mi: horas de preparación pre-grabación, frío, comidas a deshoras, trabajo al día siguiente… pero personalmente ha merecido la pena, por la experiencia y por ser parte de un trabajo nacido a partir de una gran idea que mezcla la sencillez con el ingenio, una forma de contar una historia ya dada en imágenes que hablan por sí solas. El resultado de un gran esfuerzo de varias semanas de preparativos y grabación y tres días non-stop de postproducción encerrados en una habitación.

Días después comencé el ansiado curso de Photoshop de nivel básico impartido gratuitamente por la Junta de Andalucía a través de una plataforma de teleformación. Auque dicha plataforma se encuentra a mi entender años por detrás de la realidad que estamos viviendo con este tipo de formación, he de decir que estoy bastante contenta con los contenidos, las destrezas y conocimientos que he adquirido en apenas 15 días.

Ni que decir tiene que no soy una experta en Ps, ni siquiera ahora mismo soy capaz de hacer cualquier composición o retoque medio decente, pero creo que tengo una buena base para comenzar a desarrollar trabajos más complejos progresivamente.

El primero que he realizado es el que presento más arriba. Os presento a mi Cococar. El trabajo parte de una plantilla de una maqueta de cartón de un coche, el cual he decorado con diversos rotuladores. Posteriormente, he trabajado la fotografía que le saqué, a la cual he añadido un fondo de color celeste y una sombra. El resultado es un poco rudo, pero prometo mejorarlo.

El Cococar es una iniciativa desarrollada por un estudio gráfico catalán, Cocolia, quienes tuvieron la magnífica idea de invitar a cualquier persona a realizar un diseño de Cococar y enviarles una foto con el resultado para su blog ¿Has visto el Cococar?.

Conocí esta iniciativa a través de Confetti, seudónimo de Estela, una amiga diseñadora gráfica de profesión que compartió con todos nosotros su diseño a través de Facebook. Aquí podéis verlo. La convocatoria ha tenido tanta aceptación que hace unos días recibí de parte de Cocolia un email informándome de la próxima celebración del Coco GP, un encuentro para diseñar bólidos con distintos materiales a fin de realizar una carrera…y que gane el más rápido!

Así, estoy contenta de estar “descubriendo” ese artista que todos llevamos dentro, sin más pretensiones que el propio desarrollo de mis capacidades e ideas, la profunda curiosidad que siento en estos momentos por ciertos temas y apoyar mis conocimientos y destrezas profesionales. A ver que sale 🙂

Mientras tanto, no dejéis de ser curiosos!