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Economía

Que sí, que son tiempos difíciles. Que sí, que no hay oportunidades ni trabajo para nadie. Que sí, que esos títulos de la universidad ahora nos sirven de poco. Que sí, que todo eso es verdad.

Pero oye, que somos jóvenes… el futuro y esas cosas… somos probablemente la generación con mayor número y mejores herramientas a nuestro alcance para “buscarnos las habichuelas”: acceso a la educación, nuevas tecnologías, internet y redes sociales, medios de transportes, subvenciones y ayudas, y en muchos casos, familias que nos echan un cable…

En este punto, creo que el problema de la juventud de hoy, es la actitud, y no la escasez de empleo: éste, es el entorno al que hay que adaptarse. Desde pequeños nos han pintado el esquema que teníamos que seguir, y ahora ha venido la crisis a romperlo. Y no sabemos cómo seguir.

Hace unas semanas leí en la Revista El Observador un artículo de Rubén Lirio en su “Comercialmente hablando” en el que cuenta a los lectores sus tres razones para levantarse por la mañana. Y comienza con el apunte número uno: “Soy optimista porque no tengo más remedio”.

Bueno, para mí el ideal es ser optimista porque sí, porque es el color que se elige para vivir la vida, pero a efectos prácticos es lo mismo. Así, Lirio sigue hablando de las excusas que nos ponemos todos los días para no hacer nada para cambiar la situación, y lo fácil que es echarle la culpa a otros de lo que está pasando.

Definitivamente, estoy de acuerdo con él en que los únicos responsables de lo que consigamos (o no), somos nosotros. Lo que pasa es que no nos han enseñado eso, y es mucho más cómodo quejarnos de todo desde el sofá de casa, en vez de ponernos en marcha y trazar el plan de acción con el que conseguir nuestros objetivos. No es fácil, y habrá que pasar por algun periodo de prácticas becadas o trabajo no remunerado… pero está muy claro que cualquier cosa que hagamos es mejor que no hacer nada, y que de todo sacaremos algo que nos servirá en el futuro.

En aquel Salvados (el programa de La Sexta) de hace unas semanas en la que todo el mundo se echó encima del Señor Pudiente, Jordi Évole entrevistó a un muchacho sin estudios, andaluz como yo, que trabajaba en el sector agrícola. Le preguntó que cuál era su plan B para cuando este sector no diera para más. El chico, con aire apesadumbrado sólo acertó a decir que “yo que sé, aguantar”.

Visto el panorama, quiero felicitar y dar muchos ánimos a mis coétaneos que tienen tres o más razones para levantarse todos los días de la cama con una sonrisa en los labios, trabajando duro por encontrar su hueco,  y haciendo uso de su ingenio y creatividad para cambiar este mundo que nos ha tocado. Como dicen  en el anuncio, es cuestión de trabajar, trabajar y trabajar… Lo vamos a conseguir.

Y para animarnos todos, un regalito musical: Cosas de la Edad – Modestia Aparte

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